domingo, 26 de enero de 2014

Noches de sangre (Primera parte)

PROLOGO

Todo comenzó una fría noche de diciembre.

Cuando la luna llena brillaba en lo alto y el viento susurraba el horrible por venir. Esta noche una maldición comenzaba, un ciclo de dolor y muerte. Y todo por el nacimiento de un niño, el último de su especie.


El ultimo vampiro.



CAPITULO 1. Velas de vainilla

La casa de verano de mi familia daba escalofríos. Con el simple hecho de mirarla desde afuera tu primer instinto era correr lejos de aquel lugar. Pero no podía hacerlo.

Mi padre había ahorrado toda su vida para comprar una casa de verano como esta, después de veinte años de trabajar duro y tres hijos detrás, finalmente había logrado su sueño.

-no es hermosa- dijo mientras bajaba una de las maletas del auto

-por supuesto que lo es querido- respondió mi madre con una sonrisa

-el primero que llegue a la casa se queda con la habitación más grande- grito Michael, mi hermano mayor, mientras salía disparado hacia la puerta principal.

Gerard le siguió y yo, bueno yo no quería acercarme ni un centímetro más. Tan solo miraba la casa, con sus enormes ventanas oscurecidas por el polvo, con su madera desgastada con el tiempo, con ese lúgubre brillo que la rodeaba. Definitivamente algo estaba mal en esa casa.

-necesita unos arreglos pero seguro que se verá genial cuando terminemos de renovarla- dijo mi padre que de la nada apareció a lado de mi.

-seguro que si- dije tratando de ocultar mi miedo.

Al parecer funciono pues mi padre me dedico una media sonrisa de alegría y se encamino a la casa con dos maletas sobre el hombro. Decidido a tragarme mi miedo, más por el “que dirán” que por voluntad propia, camine hacia la casa.

El interior era aun más lúgubre que el exterior, eso era demasiado lúgubre. Estaba muy oscuro, en la estancia de entrada solo había una lámpara, que parpadeaba cada cierto tiempo; podía escuchar el rechinido de la madera cuando caminaba sobre ella, un sonido tétrico; todo estaba recubierto en polvo y el olor a humedad inundaba el lugar. Subí por las escaleras hasta el segundo piso, las escaleras daban una sensación de romperse en cualquier momento, en la planta alta se escuchaban los gritos de mis hermanos mientras peleaban por decidir quién había llegado primero, camine por el estrecho pasillo hasta la última puerta de este, la abrí con cuidado y me sorprendí al ver lo que había en su interior. La habitación de una niña. Con todo y sabanas rosas, muñecas de porcelana por aquí y por allá, un tocador con un espejo triple, incluso podías respirar el aroma a vainilla de alguna vela aromática. Me quede admirando la habitación por unos segundos más hasta que razone que esto no era normal aquí.

-mama- grite por el pasillo

-¿Qué sucede Leo?- respondió ella mientras subía las escaleras

-ven a ver esto-

Mama se apresuro por el pasillo hasta donde yo estaba, paso por mi lado y entro en la habitación.

-¿Qué quieres que mire?- pregunto mi madre

-pues todo… esto- entre en la habitación con mama pero ya no había nada, ni sabanas, ni muñecas ni el olor a vainilla

-bueno, es una linda habitación, tiene vista al lago- dijo ella mientras se asomaba por la ventana y contemplaba la vista

Mientras que yo miraba a todos los rincones de la habitación tratando de averiguar a donde se había ido todo. Pero no encontré respuesta.

-bien, iré a preparar la cena, te veré en media hora- beso mi frente y se fue

Definitivamente esta casa no era normal.

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